lunes, 4 de octubre de 2010



CONVERSACIÓN CON LA HISTORIA

Bajo una tenue de lluvia de finales de junio, y en la Fuente de Soda del Hotel “El Tamá”; previa cita, tuve la oportunidad de conversar con el Dr. Ramón J. Velasquez, Ex-Presidente de la República, político, humanista, propulsor de reformas, parlamentario, escritor, narrador, y ante todo historiador. Actualmente incorporado al Programa de la sociedad civil titulado Pro-Venezuela. La idea principal de esta entrevista tenía, entre otras cosas, la de hablar sobre el Ateneo del Táchira, que implica, por supuesto, encontrarse con la memoria del tiempo, de un siglo a punto de culminar. Y es que conversar con el Dr. Ramón J. Velásquez es conversar con la historia. Con esa historia que apenas conocemos. Para comenzar, le pregunté respetuosamente si era posible grabar e inmediatamente le entregué la edición anterior de Dia-Logos. Su respuesta fue afirmativa:

M.R.: ¿Qué piensa Ud., de la creación de un periódico en el Ateneo?

R.J.V.: ¡Magnífico, estupendo! ya era tiempo de superar esos libros que se producen cada cinco o diez años; además a través de un periódico se va escribiendo la historia de forma inmediata. En cuanto a este periódico me parece acertado, con un estupendo diseño gráfico y de buena calidad los textos, es lo que percibo de una ojeada.

M.R.: Quisiera que me hablara del Ateneo, de su experiencia cuando estuvo al frente de la misma, allá por los años 40 y 41.

R.J.V.: Para empezar a hablar sobre el Salón de Lectura, tengo que decir que el Salón de Lectura fue mi casa y le voy a explicar por qué: mire, en la casa mía funcionó un instituto que dirigió mi padre por 25 años, la escuela Bustamante; esta quedaba en la esquina donde ahora está el Banco Unión, frente al Club Táchira; era una casa grande y tenía un salón que cubría un cuarto de manzana. Allí, el Dr. Abel Santos, Quintero y Lossada, fundadores del Salón de Lectura, consideraron que el salón que habían fundado en la bodega de Guerrero Lossada debería estar ahí. Abel y mi padre eran compadres dobles, porque dos hijos de Guerrero Lossada eran apadrinados por ellos. Allí funcionó por un año el Salón de Lectura, de tal manera que aquí estaba la gran sala con esos mismos retratos que están ahí colgados en marcos viejísimos; esos marcos entonces hermosos, con la imagen de Cecilio Costa; hoy día deben tener como 80 años; entonces el zaguán de mi casa daba con el salón, en donde había una puerta que comunicaba con la casa de mi padre, de forma que yo crecí metido en el Salón de Lectura. Guerrero Lossada era un hombre muy conservador y muy pedagogo; yo, de muchacho, le preguntaba muchas cosas, y él me contaba, me hablaba mucho de cosas que yo no entendía. El había llegado ahí de soldado en la tropa de Chalbaud Cardona, quien iba a combatir a la invasión de colombiana de Rangel Garbiras; desde entonces se quedó en San Cristóbal dedicándose de lleno al Salón de Lectura. Yo era un niño todavía y no tenía la suficiente capacidad para comprender muchas cosas que pasaron, como cuando le cortaron la luz y él se alumbraba con velas.

M.R.: ¿Qué tipo de personas visitaban, para ese entonces, el Salón de Lectura?

R.J.V.: Era un grupo, fundamentalmente, compuesto por abogados, médicos y maestros que tenían un profundo interés cultural; a la cabeza los Drs. Abel Santos y Eduardo Santos, pues junto con ellos aparecen un poco más tarde Carlos Rangel Lamus y Amenodoro Rangel Lamus, ambos letrados, periodistas y lectores de periódicos que a cada rato clausuraba Eustoquio Gómez; periódicos como “Horizonte” que duró muchos años, al que los Rangel adquirieron y llamaron “Nuevo Horizonte” y el que también fue prohibido por el gobierno. Poco después los Rangel fundaron otro periódico al que titularon “Helio” (sol); eran personas de un gran empeño cultural; ahí está un estudio de González Escorihuela, quien registra el discurso de Carlos Rangel Lamus ante un auditorio, en el año 17; él fue el primer venezolano que habló sobre el contenido y los alcances de la Revolución Soviética, eso está ahí en los libros publicados por nosotros (Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses, BATT); junto a él estaban otras personalidades que fueron muy importantes para el Táchïra, como el Dr. Rúmulo Antonio Costa, gran jurista formado en Bogotá por Miguel Antonio Caro; Gonzalo Vargas, gran médico, y Angel Biaggini; es decir, el interés por la lectura, por romper ese aislamiento tachirense lo llevaban por dentro, el deseo de mantener aquella organización pues en el resto del país no había una organización de esa naturaleza. Se esforzaron en traer libros; traían libros de Francia, de España, esa biblioteca se fue formando con el esfuerzo de ese grupo; siempre la estaban dotando así como también ellos mismos rotaban La Presidencia: un día cualquiera Amenodoro Rangel Lamus era el Presidente, otro, el Dr. Costa, otro día el Dr. Nicasio Rivera, otro día Don Ramón Velásquez, mi padre. Como usted puede ver, el pensamiento filosófico y artístico de esta provincia nació allí, en el Salón de Lectura; incluso fue la primera sede de la Universidad Católica “Andrés Bello; allí nació una sed nueva de aprender, de cultura y amor por la patria, y con esos hombres que le acabo de mencionar.

M.R.: ¿Qué piensa Ud. del Salón de Lectura en la actualidad?

R.J.V.: Mire, es lamentable que el Salón de Lectura haya pasado por una situación jurídica vergonzosa, cosa que no ha sucedido en ninguna otra parte del país, en los ateneos quiero decir, sin embargo, después de todo salió a flote, ojalá no vuelca ocurrir jamás, pues allí debe haber sabiduría, conocimiento, arte, para lo cual fue fundado el Salón de Lectura.

M.R.: Finalmente ¿qué le daría Ud. a la actual Junta Directiva, y a las nuevas generaciones ateneístas del Táchira?

R.J.V.: Que sigan adelante en esta noble misión y que rescaten las actividades olvidadas, pues ellas representan la historia de nuestro pueblo, su realidad social, cultural y filosófica a través de los tiempos. La historia del Ateneo es la historia del Táchira.

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